Caminaban de la mano. El hombre se preguntaba cuánto tiempo más podrían hacerlo, cuánto faltaría para que al chico comenzara a darle vergüenza.
Iban a tomar el subte. Tenían que ir al centro, a comprar zapatillas. La madre del chico había dicho varias veces que las que usaba ya no daban para más. Se había ocupado de hacer esos comentarios casuales casualmente en presencia del hombre. La última vez, el chico lo había mirado de una manera que jamás había usado antes. A los ojos, y le había sostenido la mirada. El hombre había pedido a su jefe que le adelantara el dinero de una quincena e iban, entonces, al centro a comprar zapatillas.
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