Por eso

Llegás tarde otra vez. Cuando empujás la puerta venís pensando en la excusa que vas a meter hoy, aunque Simón no te crea nada, y casi le rompés toda la cara a una vieja que termina de entender lo que pasa cuando vos ya estás a mitad del salón. Decís buen día, y el flaco de seguridad te mira las tetas, como todos los días. Un ascensor espera, pareciera que por vos. Una pequeña victoria. Te apurás a apretar el botón para que se cierre la puerta, no querés que suba nadie, se te está metiendo la bombacha en el culo.

Te subís la pollera, te acomodás la tanga. Tenías que haberte puesto un protector. Te mirás en el espejo, un desastre el pelo. El maquillaje también, parecés una trola recién atendida que salió a las apuradas cuando llegó la mujer del fulano. La camisa está arrugada, pero si no te sacás el saquito no se nota. No terminaste de llegar y ya los zapatos te están matando. Pero igual qué lindos que son. Caros, también, sí. Bueno, para eso trabajo, ¿no? Suena la campanita, se abre la puerta, y allá vas.

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